Derechos sexuales y abortos inseguros: Lo que necesitas saber.

La relación entre los derechos sexuales y abortos inseguros a nivel mundial.

El aborto es la interrupción voluntaria de un embarazo, ya sea médica (con pastillas) o quirúrgicamente. Un aborto califica como “seguro” cuando se lleva a cabo mediante un protocolo recomendado por la OMS, adecuado para la duración del embarazo y por alguien con las calificaciones y habilidades necesarias.

Cuando a las mujeres se les niega el acceso a abortos seguros, a menudo recurren a métodos inseguros para interrumpir su embarazo no deseado. Estos obstáculos presentes para acceder a un aborto seguro pueden ser:

  • Legales: Restringidas o no permitidas por la ley de su país.
  • Socioculturales: Estigma hacia quien lo solicita o a proveedores; desigualdad entre sexos, etc.
  • Socioeconómicas: Falta de capacidad financiera, apoyo institucional y social.
  • Entre otros: Todos ellos profundamente complejos e interconectados.

Estas barreras existen en diversas formas y magnitudes en todas partes, a menudo empujando a las mujeres a abortos clandestinos o inseguros.

Aborto en todo el mundo.

Según estimaciones mundiales, el 48% de todos los abortos realizados en el mundo son inseguros y casi todos se realizan en países en vías de desarrollo (Abortion, 2021). Este artículo intenta explorar cuáles son estas barreras que existen, su por qué y qué significan para las personas que buscan abortar.

El aborto seguro es ampliamente reconocido por instituciones internacionales como las Naciones Unidas y varios países alrededor del mundo como un derecho humano fundamental. Las organizaciones de derechos humanos indican que los abortos inseguros son una violación a los derechos de las mujeres: el derecho a la vida, la salud, la igualdad, la privacidad y a vivir sin discriminación (Human Rights and Abortion, 2021).

Toda persona tiene derecho a ejercer autonomía sobre su propia salud y su propio cuerpo. Especialmente en la decisión de continuar un embarazo y cuándo hacerlo. De hecho, argumentamos firmemente que no es suficiente enmarcar el aborto como un simple problema de salud. No todas las mujeres que optan por abortar lo hacen por emergencias sanitarias. Cada persona que busca abortar tiene una razón única; sus circunstancias y razones son únicas, y es dolorosamente reduccionista calificar cuán “justificada” pueda ser la decisión de acceder a un aborto.

Se trata nada más de una elección, que puede simplemente concederse.

Pero la profunda polarización de la opinión pública sobre el aborto estigmatiza y demoniza continuamente a las mujeres que buscan uno. Para estas personas, el aborto suele ser comprensible si el embarazo fue el resultado de una violación.

Pero, ¿si fuera una relación sexual consensuada y voluntaria? Entonces es simplemente una consecuencia de su vergonzosa decisión de tener relaciones sexuales. Las avergüenzan, las insultan, las castigan; el embarazo es tratado como un castigo por el sexo. Resulta que el embarazo es un hermoso milagro cuando la sociedad lo considera apropiado (es decir, dentro de los estrechos límites del matrimonio, la heteronormatividad y edad), pero es una consecuencia y un castigo para una mujer “irresponsable” si esta intenta ejercer autonomía sobre su propio cuerpo.

Todo lo anterior se remonta a la expectativa milenaria y fuertemente marcada sobre el género y el papel de la mujer en la sociedad; reduciendolo principalmente como cuidadora y madre.  Se espera de ella que quiera la maternidad, la busque, no, viva para ella.

Si no lo hace (por la razón que sea) se la tilda de malvada asesina de niños.

El derecho humano de una mujer para acceder a un aborto seguro, nunca debe depender o cuestionarse el por qué lo necesita o quiere acceso a este; ni el cómo o por qué quedó embarazada en primer lugar.

Esto último puede sonar como un argumento fácil y flojo; Quizás esta cita de Frederica Mathhews-Green explica mejor lo que deseamos transmitir:

“Nadie quiere un aborto como uno quiere un helado o un Porsche. Ella quiere un aborto como lo quiere un animal, atrapado en una trampa, dispuesto a morderse su propia pierna”.

Sobre los abortos inseguros.

Hay varias maneras en que se llevan a cabo los abortos inseguros.

Pueden ser orales (beber sustancias tóxicas como aguarrás o lejía), lesiones directas en la vagina (insertar objetos extraños como perchas o palos) o intentos de lesiones externas (caerse por las escaleras, saltar de un techo o golpes en el abdomen).

También es común que las mujeres se acerquen a proveedores no capacitados que las explotan financieramente y cuyos métodos terminan causando daños irreversibles como perforaciones e infecciones uterinas (Grimes, et al., 2006).

Con una búsqueda bastante profunda en Internet, se podrán encontrar relatos de primera mano, detallados y no anónimos de desgarradoras historias de aborto inseguro; ya que el estigma que rodea al aborto impide que las mujeres hablen.

Pero los hechos y cifras globales sobre el aborto hablan por sí solos, y lo que dicen es bastante alarmante:

En todo el mundo, unos 5 millones de mujeres son hospitalizadas cada año para recibir tratamiento por complicaciones relacionadas con el aborto, como hemorragia y sepsis (Grimes, et al., 2006). Las principales causas de muerte por aborto inseguro son hemorragia, infección, sepsis, traumatismo genital y necrosis intestinal. Los datos escasamente documentados sobre complicaciones de salud a largo plazo y no mortales, incluyen una mala cicatrización de heridas, infertilidad, consecuencias de lesiones de órganos internos y resecciones intestinales (OMS, 2003). Todo esto provocado por abortos inseguros.

Ni siquiera hemos mencionado el daño emocional y psicológico que causan los abortos inseguros. Esa conversación queda para otro día, otro artículo y otro intento nuestro de brindarles toda la información y apoyo que podamos sobre aborto seguro.

Si bien las leyes sobre el acceso al aborto siguen cambiando en todo, es interesante notar cuán grave es su impacto en las tasas de abortos inseguros, según la dirección en la que cambie la ley.  Parece haber una suposición general que motiva a que las leyes de aborto sean restrictivas: que si es ilegal, no sucederá. Cuando, de hecho, es todo lo contrario.

Lo único que hacen las leyes restrictivas es aumentar las tasas de abortos inseguros.

Si hacemos una comparación, la tasa media de abortos inseguros dentro de los 82 países con las leyes de aborto más restrictivas es de hasta 23 de 1000 mujeres; versus  2 de 1000 mujeres que pueden llegar a acceder a un aborto inseguro dentro de países que permiten este procedimiento sin restricciones.

Las muertes relacionadas con el aborto son más frecuentes en países con leyes más restrictivas sobre el aboroto (34 muertes por 100.000 nacimientos) que en países con leyes menos restrictivas (1 o menos por 100.000 nacimientos) (OMS, 2003).

En Rumania, el acceso al aborto estaba disponible con cita previa en 1960, en ese entonces  la tasa de mortalidad por aborto era de 20 por 100.000 nacidos vivos. Las nuevas restricciones legales impuestas en 1966 aumentaron la tasa a 148 muertes por 100.000 nacidos vivos en 1998. Estas restricciones se revirtieron en 1989 y dentro de un año esta cifra se redujo a 68 de 100.000 nacidos vivos.

En 2002 la tasa de mortalidad por aborto era tan baja como 9 muertes por cada 100 000 nacimientos (Hadding & Nour, 2009).

En Sudáfrica, después de que el aborto se legalizó y estuvo disponible 1997, una infección relacionada con el prácticas de aborto inseguras y poco salubres disminuyó en un 52 %; y la tasa de mortalidad por aborto entre 1998 y 2001 se redujo en un 91 % desde su último registro en 1994 (Jewkes, 2005).

Lo que estos números nos comprueban y evidencian, es que donde el aborto sea seguro y legal, nadie está obligado a tener uno. Cuando el aborto es ilegal e inseguro, las mujeres se ven obligadas a llevar a término embarazos no deseados o sufrir graves consecuencias para la salud, incluso la muerte.

Cada historia sobre un aborto, es un recordatorio de que los derechos sexuales de las mujeres no están sujetos a debate. El aborto no es como Santa Claus, solo se hace realidad si “crees” en él. El aborto es algo normal, es común. El aborto es uno de los muchos resultados reproductivos que es muy probable que las mujeres de todo el mundo enfrenten.

Tomando cuidadosamente, una página del libro pro-vida (o anti-aborto, anti-mujer; anti-humanidad, esencialmente), estas personas parecen olvidar que no es muy pro-vida de su parte tener un hijo nacido de una mujer que no quiere criar uno.

Además, si es inmoral interrumpir un embarazo, ¿no es igual de inmoral obligar completar un embarazo no deseado desacertado?

Una mujer no le debe al mundo un mínimo de nacimientos no deseados en su vida.

Mientras tanto, instituciones, culturas, gobiernos, sistemas de educación y salud; y la sociedad en general, colectivamente les deben a todas las mujeres el acceso a un aborto seguro, calificado, legal, asequible, accesible, confidencial, compasivo y digno, como su derecho fundamental para la justicia reproductiva.

 

[1] Abortion. (2021, November 25). Retrieved from World Health Organization: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/abortion

[2] Global and Regional Estimates of the Incidence of Unsafe Abortion and Associated Mortality in 2003. Geneva: World Health Organization.

[3] Grimes, D., Benson, J., Singh, S., Romero, M., Ganatra,, B., Okonofua, F., & Shah, I. (2006). Unsafe abortion: the preventable pandemic. Lancet.

[4] Hadded, L., & Nour, N. (2009). Unsafe abortion: unnecessary maternal mortality. Reviews in obstetrics and gynaecology, 122–126.

[5] Human Rights and Abortion. (2021). Retrieved from IPAS Partners for Reproductive Justice: https://www.ipas.org/our-work/human-rights-and-abortion/

[6] Jewkes, R. R. (2005). The impact of age on the epidemiology of incomplete abortions in South Africa after legislative change. International journal of obstetrics and gynaecology, 355-359.

[7] WHOU. (2003). Global and Regional Estimates of the Incidence of Unsafe Abortion and Associated Mortality. Geneva: World Health Organization.